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El dedo y la luna en el MWC

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Durante años, el Mobile World Congress, seguramente desde que se estableció en Barcelona, fue sinónimo mediático de aquella expresión que se acuñó para las presentaciones de Steve Jobs: "Wow". Pero, ¿y ahora?

Durante años, el Mobile World Congress, seguramente desde que se estableció en Barcelona, fue sinónimo mediático de aquella expresión que se acuñó para las presentaciones de Steve Jobs: “Wow”. Wow era una especie de acrónimo onomatopéyico que resumía la sorpresa boquiabierta de los periodistas con cada nuevo dispositivo presentado bajo una aureola casi mágica. Parece que esos tiempos se deslizan lentamente hacia el pasado y están dejando ver una nueva realidad que debería ser la esencia del futuro más inmediato: ya no importa tanto el continente sino el contenido. Ha dejado de ser esencial la forma de transportar la información para pasar a serlo qué es esa información. Quizá el hecho de que éste haya sido un MWC sin estrellas, dicho sea en términos relativos, porque cualquiera de las cosas que se han visto en la Fira de l’Hospitalet hubiera refulgido como el sol fuera de aquel ecosistema, haya contribuido al cambio. Ni Mark Zuckerberg, ni Galaxy S8 ni, como ya es habitual, Apple.

Las notorias ausencias han contribuido, quizá, a que la atención haya estado más fijada en las cosas que se pueden hacer con los nuevos avances de la tecnología móvil. Reed Hastings, CEO de la exitosa Netflix, dijo con claridad que lo que importa no es cómo veremos las series de televisión, sino qué buenas historias contaremos, qué personajes atractivos dibujaremos, cómo emocionaremos al usuarios, sea a través de la televisión, del monitor, del móvil o de la pantalla del coche. John Hanke, fundador de Niantic, la empresa responsable del Pokemon Go, explicó cómo los usuarios habían usado la la realidad virtual buscando seres digitales insertados en el mundo real y cómo habían recorrido haciendo la distancia equivalente a la que hay entre La Tierra y Plutón. Seat explicó cómo su coche conectado puede buscarte un restaurante para comer cuando se entera de que tu reunión se ha retrasado. Blind Explorer mostró como un dispositivo inteligente puede guiar a personas ciegas mediante un sistema 3D de audio. IBM mostró cómo Watson, su inteligencia artificial, creaba una estatua basada en la obra de Gaudí, variando según los tuits que leía sobre el propio Mobile Word Congress.

Todos estos ejemplos tienen algo en común: lo que importa es el ‘qué’ y ya no tanto el ‘cómo’, el contenido y no tanto el continente. Sería necio negar que el canal sigue marcando las formas de comunicar y las cosas que comunicamos. Nadie ha podido expulsar por completo a McLuham del universo comunicativo, por muy digital que se haya vuelto, a pesar del casi medio siglo que ha transcurrido desde la formulación de su teoría sobre la aldea global. Pero esta afirmación es tan cierta como que cada vez se mira menos el medio y más el mensaje. Ya casi nadie se interesaba con desmesurada atención en si un móvil se desbloqueaba por las venas de la mano, por el iris o por la voz. La mayoría de los asistentes centraban su atención en qué podíamos hacer con aquel dispositivo una vez desbloqueado. Si la tendencia es cierta, es el tiempo de los creadores. Se abre una nueva etapa en la que, quizá irónicamente, se deberá revalorizar el trabajo más clásico de quienes inventan buenas historias, contenidos originales, videojuegos con argumentos complejos o formas novedosas de entretener a los pasajeros del autobús a través de la marquesina de la parada mientras esperan a que llegue su transporte. Aunque parezca una boutade, en el mundo digital móvil del que el MWC es el abanderado, hemos empezado a dejar de mirar el dedo para observar la luna.

Y, dicho sea de paso, en el congreso de los móviles, como se le llama popularmente, cada vez hay menos móviles en proporción con otros elementos. Cada vez hay más coches, autobuses, mobiliario urbano, ropa, enseres domésticos o aparatos reguladores de la calefacción. Quizá sería hora de dejar de llamar al MWC el ‘congreso de los móviles’ para pasar a llamarle el ‘congreso de la movilidad’.

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